Después de descansar
en el hotel Al-Andalus (por fin, después de 2 intentos fallidos), nos
levantamos tempranito y desayunamos antes de ponernos en marcha. Hoy empieza
lo bueno: Bueno, para ser sincero, lo bueno empezó hace varios meses, cuando
Antonio preguntó quien se apuntaba al Sahakuak 2011. El caso es que hoy
tenemos una etapa larga y muy muy completa: pasaremos de la altiplanicie de
Marrakech a cruzar el alto Atlas y a bajar hasta el desierto, y además
Antonio nos tiene reservadas varias sorpresas que prometen…
Organizamos los
grupos que previamente habíamos predefinido para agilizar el rodaje y nos
ponemos en marcha. Atravesamos las afueras de Marrakech y enfilamos carretera
hacia el Atlas por un paisaje de sobra conocido de otras ediciones, pero no
por ello se nos hace aburrido: campos verdes, gente trabajando y las siempre
curiosas escenas que uno puede encontrarse en Marruecos, todas ellas
merecedoras de ganar el concurso a la foto “Esto es Marruecos”
En poco más de una
hora estamos comenzando a subir hacia el Coll del Tichka. En esta ocasión,
Antonio propone, en lugar de parar en el “supermercado del fósil” que hay en
el mismo puerto, parar en un puesto más pequeño, pero más tranquilo también.
Así que aprovechamos para hacer las primeras compras y seguimos camino
adelante, alucinando una vez más con los paisajes que nos regala esta ruta de
montaña. Al coronar el puerto, hubo alguna carita de pena de las compradoras
compulsivas por no poder parar este año a pelearse con los vendedores del
famoso “supermercado” pero bueno, para otro año tocará, jejeje…
Bajamos el puerto
por la cara sur del Atlas sin dejar de hacer fotos y mirar a un lado y otro
de la carretera. Bueno..., menos los que conducimos, que más nos vale no
dejar de mirar al frente. Las vistas son impresionantes.
Por fin llegamos a
la primera sorpresa del día, la Kasbah de Taourit, donde visitamos Dar Kamar
“La Casa de la Luna” uno de los 3 alojamientos que nuestro amigo Juan Antonio
tiene en Marruecos. Se trata de un hotel con encanto construido en el antiguo
palacio de justicia del Pachá Glaoui. Aunque no podemos visitar las
habitaciones por estar ocupadas, quedamos francamente sorprendidos por lo
bonito del sitio y el gusto exquisito con que está decorado, cuidando hasta
el mínimo detalle y siempre manteniendo el encanto de Marruecos.
Después de visitar
la Kasbah guiados por uno de los muchos chavalines que abundan por allí,
parar en una farmacia Berebere, donde más de un@ volvió a picar aceites,
esencias, etc… y un viejo taller de tejedores repleto de herramientas, armas
y utensilios antiquísimos, volvemos a los coches y nos ponemos de nuevo en
marcha, siempre hacia el sur.
A eso de las 3 de la
tarde llegamos a nuestra segunda sorpresa del día, un pequeño pueblo ¿Tamnougalt?
perdido en medio de ninguna parte donde comeremos en un restaurante que nos
han recomendado. Al principio no damos con él, pero después de preguntar por
allí, lo encontramos sin problemas. El sitio en cuestión se llama “Chef Yakob”
y es un albergue donde comeremos estupendamente a base de cous cous, tajin y
pinchitos, amén de un delicioso postre de yogurt casero con sirope de
dátiles, una delicia.
Después de comer
tuvimos nuestra sobremesa, en la que no faltó sesión de fotos, carreras y
juegos de los pequeñajos que disfrutaron de lo lindo y unas copitas para los
“adúlteros” incluido un brindis por Los Patos, y en especial por los que no
vinieron, a base de orujo casero. Solo faltó una siesta, pero aún nos
quedaba bastante camino por delante, así que hubo que perdonarla y volver a
los coches…
Retomamos la
carretera y seguimos camino al sur. Al llegar a Zagora hicimos otra parada
en el famoso taller de “Mohamed el Gordito” para ver si le echaban un ojo al
Toyota de Pato Saharaui y la rueda trasera de Pato Fast. Mientras tanto el
resto pues... ¡ qué íbamos a hacer…! ¡COMPRAR! Che-ches para los que no lo
tenían y un poco de todo para los demás, más regateos y unas buenas risas que
no faltaron para variar.
Después del taller y
las compras, oooooootra vez al coche y rumbo a Tagounite, destino final de la
etapa. Bueno, no exactamente, ya que el alojamiento de Casa Juan no está en
el propio Tagounite. Y aquí llegó la tercera sorpresa, el alojamiento está en
mitad de unas dunas, separado de la carretera y la pista que lleva al pueblo
más cercano y es una auténtica maravilla: sólo cinco habitaciones pero a cual
más espectacular, un salón muy acogedor donde cenamos y un patio interior muy
cuidado donde habían montado dos tiendas caidales para alojar a parte del
personal.
Aquí terminó el día
de conducción para los que llevaban “peques” y para Juan y Salud. El resto de
“las parejitas”, después de zamparnos una exquisita cena a base de la mejor
harira que he probado nunca y unas deliciosas patatas rellenas de atún,
champiñones y queso gratinado, amén de un postre delicioso a base de yogurt
casero y fresas, emprendimos ruta nuevamente hacia nuestro hotel, ya que
todos no cabíamos en Casa Juan. En poco más de media hora, llegábamos a
nuestro destino, el hotel Tabarkat, que si bien no tenía el encanto de Casa
Juan, estaba en un sitio precioso y no se quedaba corto en cuando a su
arquitectura e instalaciones. Nada más llegar, recogimos las llaves y tras
una ducha nos fuimos a la cama a descansar después del largo día lleno de
sorpresas que habíamos tenido, ya que al día siguiente nos esperaban más,
pero eso que lo cuente otro Pato…
Equipo Patochucky

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